Esa gran profesional de los medios resuelve contra todo pronóstico cada uno de los realitys de los que ha sido moderadora, presentadora y guía. La improvisación es su punto fuerte y sus comentarios subidos de tono una de las cartas de presentación que más envidio.
Dadme una m… M, dadme una i… I
De mayor quiero ser Mercedes Milá parece ser un tópico para cualquier superviviente de la televisión actual. Hace nueve años un programa que haría historia comenzó su andadura. Los temibles Iván, Vanesa y Marina frente a los entrañables Israel y Silvia, los extravagantes Jorge e Iñigo frente a los conmovedores Mabel, Koldo y María José, los ganadores Ismael y Ania frente a los perdedores, nosotros, los espectadores. Así empezaba un calvario televisivo que el próximo domingo abre sus puertas una undécima vez, y al frente de él, como no podía ser de otra forma, su máxima admiradora, super Milá.
Mercedes a lo largo de su trayectoria profesional ha realizado casi todo lo que un enorme periodista puede llegar a hacer, ha conseguido menciones especiales en muchos de sus trabajos y siempre ha contribuido a difundir la verdad por encima de todo, inclusive de su propio prestigio.
Mercedes Milá: reflejo de la sociedad actual
Motorista, peleona, anti-tabaquista y muy, pero que muy dicharachera, la Milá se ha apoderado de un trozo de mi corazón de adicta a la telerealidad que nunca podré volver a recuperar. Es la imagen del formato Gran Hermano, desbancando al flamante Pepe Navarro, y cabría decir que del reality español en general, con el permiso de Jesús Vázquez.
Una vez tuve la oportunidad de encontrarme con ella en un aeropuerto, no diré ni en cual ni cuando, y sólo fui capaz de sonreirla, algo que parece le conmovió tanto que no pudo más que devolverme la sonrisa, hacerme una mueca realmente divertida y gritarme un hasta pronto la mar de conmovedor.
Eso es ser una grande del periodismo español, eso es saber sentirse querida, eso es ser natural. Incapaz de soñar con ella por eso de que intimida a las masas, sólo me quedar pedirle a la virgencita que me de paciencia para llegar y, sobretodo, que me cuide “este cuerpesito que aunque no esté tan bien hecho es el que me tocó”.
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