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‘Me llamo Lorelai y soy Teleadicta’

Seducción en Miami: historia de un tatuaje

por Lorelai agosto - 23 - 2009

Imagen del portal oficial de Neox

Imagen del portal oficial de Neox

Antes de nada decir que no me hago responsable de mis palabras, y me preguntaréis ¿quién entonces? Bueno, pues está claro que la televisión y cada uno de los directivos que me procuran alimento de telerealidad las 24 horas del día son en parte tutores de mis opiniones, ellos guían lo que veo y someten mis principios y valores a pruebas dificiles de superar.

Es evidente que, en todo esto, mi decisión es la que cuenta, pero yo creo que no. Que mi voz y mi voto cada vez valen menos y las imágenes que me trago me pervierten más y me obligan a hacer y decir sandeces.

No es por escurrir el bulto, sino por intentar discernir entre mis momentos de lucidez y mis pequeños episodios de locura transitoria. Me explico.

Seducción en Miami: mujer blanca soltera busca

Hace una semana me enteré de la existencia de un realityshow la mar de divertido. Me lo encontré haciendo zapping por el territorio prohibido de canales absurdos, estos son: todas las nuevas incorporaciones de la tdt y todos los canales alternativos de la cadenas amigas.

Entre todos ellos me quedé enganchada en Neox sin saber porqué. Miguel Ángel Muñoz aparecía tan dicharachero como de costumbre presentando un nuevo reality. Si ese gran ‘cantante’ y actor que es Miguel Ángel, por si no le ponéis cara os dejo este supervideo mega cósmico y ultrafashion, en donde el que fuera niño de Al Salir de Clase y bailarín capullo de UPA Dance luce cuerpo serrano y voz inexistente.



El realityshow Seducción en Miami y mi locura transitoria

Pues eso que tras reconocer al muchacho, me quedé unos segundos más de lo necesario en su programa y fue uno de los peores errores de mi vida de teleadicta. En el reality unos cuantos cachas buenorros disputaban varias pruebas para conseguir convertirse en el seductor por excelencia, de ahí que el nombre del programa sea Seducción en Miami. Estos tiarrones, alguno reconocible del superprogama Mujeres y Hombres y viceversa, tenían que afilar sus armas de conquistadores hispanis y arremeter contra el Miami más caliente.

A pesar de la vergüenza que me estaba provocando, mis ojos empezaron a hacer chiribitas. Mis manos tampoco hacían caso de la grima que mi cerebro quería transmitirme e histéricas buscaban el teléfono. De repente, me vi llamando a mi trabajo y pidiendo días libres. Las imágenes del programa se sucedían, pero fueron la de los maromos buscando cacho en las discotecas del Miami profundo la que me dejó noqueada y provocó una reacción en cadena de terribles consecuencias.

Mi cerebro parecía dividido, por un lado, la cordura de la grima, mis principios éticos, mi saber estar habitual y mi brutal escarceo amoroso de hace unos días me intentaban poner los pies en la tierra; pero por otro lado, la ceguera de la telerealidad, y por tanto, sus diseñadores, junto con el tono de voz de los colaboradores, su poderosa belleza sexual, las luces parpadeantes de los platós y las músicas pegadizas revolucionaban mi inconsciente y me obligaban a hacer cosas contra mi voluntad.



En directo desde el otro lado del Atlántico

Os lo prometo que así sucedió, no estoy justificando nada de lo que hice, sólo me explico a mi misma y de paso a vosotros lo que estos productos pueden llegar a hacerte. Como iba diciendo, tras pedir unos días de vacaciones en el curro, despedirme de mi escarceo amoroso con un ‘Sayonara Baby’ (dios mio, usé esa frase a lo Terminator para decirle adios y sin opción a réplica), y comprarme un billete a Miami, mi mente se estancó.

Mis dos partes luchaban ferozmente, pero la sénsata hacia tiempo que veía la guerra perdida, así que sólo hacía ruido para limitar mi locura. Gracias a eso conseguí evitar comprarme un billete en primera clase y cogerme una habitación fashion en la zona más chic de Miami, pero no pude hacer nada frente al vestido mega ajustado de tetas-ánginas que se compró mi locura ni tampoco contra el estupendorro tatuaje que me hice.

Seducción en Miami: historia de un tatuaje

Las iniciales de cada concursante fueron tatuadas en mi hombro sin mi consentimiento real, la gracia era que mi cabeza enajenada había decidido participar en el programa siguiendo sus propias reglas. Lo llamó A la Caza del Maromo y aprovechando las pruebas que les obligaban a hacer, tenía como objetivo ir conquistando a cada uno de los concursantes. Cada vez que eso sucediera tacharía la inicial del muchacho de turno y cuando terminara con todos iría a por Miguel ángel. Ese sería el premio gordo.

Os escribo desde una especie de locutorio en la esquina de la Jefferson Avenue y la calle 15 en pleno centro de Miami. Mi cabeza da vueltas y es mi primer momento de lucidez desde hace una semana. No recuerdo como he llegado aquí ni dónde están mis cosas, sólo sé lo que es obvio que mi parte insana ganó con creces, que me duele horrores el tatuaje y que hay un tipo a mi lado que me mira con devoción. No sé que hacer, el tipo está bien bien, así que creo que la mejor opción será dejarme llevar un rato más, pero creo que eso ya lo he hecho durante toda esta semana y debería centrarme, ¿no creeis?

Hacedme caso

Pues eso, desde aquí deciros que es muy peligroso el mundo reality y que debéis tener cuidado donde ponéis los ojos. Cuando llegue a España pondré una queja, demanda o lo que se tercie por todo lo que me han llevado a hacer mis tutores virtuales. No hay derecho. Repito no quiero justificar mis actos, sólo alertaros del peligro que tienen todos esos diseñadores de telerealidad, y es que son muy listos, que digo listos,…, sois malos, creadores de realitys, muy malos.

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Jesús Vázquez (http://www.20minutos.es/imagen/921780) - Electro07

Jesús Vázquez (http://www.20minutos.es/imagen/921780) - Electro07

Acabo de abrir el ojo y tengo que mantenerme despierta porque he soñado algo que debe ser escuchado. En principio, el sueño sólo me afecta a mí, pero ya que soy dada a expresarme sin ningún problema, os hago partícipes a todos de lo que aconteció en mi cabecita.

En el sueño recuerdo vestir con vaqueros bien apretados, camisa grisácea con chorreras y un chaleco negro. Anudada al cuello una corbata fina de terciopelo azul que brillaba tanto que me impedía mirar hacia abajo. Con los pies descalzos caminaba lentamente hacia un lado y hacia el otro, mirando con seguridad al frente en donde una luz roja me indicaba que todo estaba OK.

Y la locura me estalló en la cara

Sin previo aviso, un estruendoso aplauso interrumpió mis gestos mudos y un gran número de chavales se abalanzó sobre mi y me manteó mientras canturreaban algo inaudible. En una de las caídas, el tiempo pareció detenerse y la bajada se hizo interminable. Las manos que me tenían que recoger desaparecieron. La situación no era la ideal para alguien que sufre vértigo, pero ahí estaba, cayendo inevitablemente a un suelo que parecía lejano.

Justo antes del tortazo, la luz roja se apagó, el escenario que me rodeaba cambió por completo y mi hermoso trasero cayó en una confortable silla de barbero. Una muchacha joven de pelo cano y una mujer mayor armadas ambas con brochas gordas, regaderas y una paleta de pintor empezaron a retocarme la cara y los pies. De repente, una de ellas acercó un espejo y, al igual que en una de esas operaciones de cambio de rostro de las telenovelas, me lo ponía en frente para que observara el resultado. Del estupor pasé al llanto y del llanto a la felicidad más absoluta. Unos lagrimones desproporcionados caían al suelo haciendo un sonido indescriptible, todo era pura alegría, en el reflejo de aquel espejo ya no estaba mi rostro, en su lugar estaba el de Jesús Vázquez.

Porque hablando se entiende la vasca

Yo, Lorelai, era Jesús Vázquez. Oh my God! Parecía como Lluvia de estrellas justo después de atravesar la niebla. Ahora entendía lo de mi vestimenta y lo de los muchachos. Era mi Operación Triunfo particular, una mezcla de operación estética y escenografía de éxito.

De nuevo la luz roja se encendió y de un salto me puse de pie y empecé a cantar. ‘Y yo te besé (besé) mis labios se entregaron a tus labios (besé)…’. Miles de muchachas gritaban mi nombre enloquecidas, estaban por todas partes incluso colgadas de las lámparas.

Entre el público: Madonna, Rihanna, Bisbal, Shakira, Alejandro Sanz, Miguel Bosé, la terremoto de Alcorcón, incluso Bono, gritaban mi nombre y me lanzaban todo tipo de prendas: un albornoz verde, un vestido de Versace, lenceria a puñados, unas gafas de sol. Todo caía a mis pies y se iba acumulando. Cada vez había más cosas: una moto, mucho dinero, una radio, una butaca, una pareja de japoneses, Penélope Cruz. Y cada vez más y más. Apenas podía moverme. Un pequeño agujero me permitía ver a mis fans aplaudir y llorar de la emoción, yo me sentía genial, estaba siendo enterrado por el cariño de mi público y me generaba un placer indecriptible.

Yo de mayor quiero ser…

La luz roja se volvió a apagar y de nuevo todo desapareció, excepto tres puertas: una roja, una azul y una negra. Al no haber paredes, podía ver sin problema lo que había detrás de cada una de ellas. Tras la roja: una playa paradisíaca, algún que otro temblor de tierra y un cangrejo hablando en argentino; tras la azul: un enorme escenario, un sillón infinito y LaBuat guiñándome el ojo, y tras la negra, estaba mi casa, la de Lorelai, con una enorme televisión, un apuesto hombre calvo semidesnudo y una pareja de tigres siberianos. La decisión era muy complicada. Un enorme reloj rojo empezó a tronar y me gritaba que tenía dos milímetros de tiempo para decidirme. Cuando me acercaba a la puerta negra, la cara parecía que se me escurría por los hombros, pero cuando me acercaba a las otras dos se me recomponía y volvía a su sitio. El reloj cada vez me chillaba más fuerte y yo no podía decidirme. ¡¡¡¡Qué hago, qué hago!!!!

Después de eso me desperté.

No sé si al final me decidí por alguna, pero ahora mismo me da igual, porque ser Jesús Vázquez por una noche me ha resultado casi orgásmico. Os imagináis ver a Madonna y a la terremoto cogidas de la mano llorando por ti y gritando tu nombre, pues yo lo he vivido gracias a Jesús y ha sido impagable. Así que no puedo decir ‘más nada’ que YO DE MAYOR QUIERO SER JESÚS VÁZQUEZ.

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Querida Nuria, yo si que te voy a sorprender

por Lorelai agosto - 9 - 2009
Foto de la web: www.cuatro.com

Foto de la web cuatro.com

Cuatro está preparando el programa Reforma Sorpresa, que es la versión española del programa estadounidense ‘Mientras tú no estabas’ y yo no estoy dispuesta a renunciar a esta oportunidad tan jugosa.

Quiero redecorar mi casa y no encuentro momento para hacerlo. No me sobra el tiempo ni el dinero, así que creo que el modo más eficaz de llevarlo a cabo es a través del nuevo programa que cuatro está preparando para septiembre.

Pasos para ser la mejor sorprendida

Supongo que no encajo mucho en el perfil de los que se merecen un cambio de look de su hogar, pero creo que puedo dar el pego fácilmente. Unos años de experiencia en realityshows me convierten en una máquina del detalle, así que me pondré manos a la obra para conseguir mi minúsculo objetivo.

La primera fase es encontrar a aquellos amados amigos que quieran darme este merecido regalo sorpresa. Para ello, tengo que elegir entre mis amigos de carne y hueso y los virtuales, es obvio quiénes tienen más puntos. Aunque también podría decantarme por mi familia. Ellos siempre han querido lo mejor para mí, y, además, mi madre estará muy orgullosa de cambiar el aspecto de mi casa, ya me lo dejó caer cuando me visitó hace unos meses y me dijo: “el cuchitril en el que vives no crees que necesita una reforma, porque una cosa es no tener gusto con la decoración y otra muy distinta es convertirlo en un auténtico vertedero, ¿no crees, querida?”.

Todo depende del cristal con que se mire, ¿no?

Tras elegir a mis amigos reales como los encargados de darme la sorpresa, tendremos que elaborar una solicitud al programa que sea digna de tener en cuenta. Ellos, mis amiguetes, contarán sin pelos en la lengua y con todo lujo de detalles todos los problemas que he sufrido a lo largo de mi vida.

Cuando dejé a mi novio porque era más aburrido que un percebe y mi amor por él hacía tiempo que yacía bajo tierra, lo rescribirán como uno de los capítulos más duros de mi vida. Él había sido y era el hombre de mis sueños, pero me puso los cuernos con una jefa que tuve (obviaremos el nombre para evitar males mayores), y por ello, y en contra de mi corazón, tuve que romper con él, lo que me hizo sufrir soledad y tristeza a ‘cascoporro’.

Todas mis mascotas fueron asesinadas o bien por coches, o bien envenenadas o por descuidos inevitables; en la versión extraoficial todas ellas, perro, gata, pájaros y peces, fueron dadas en adopción, ya que mi madre creía que los niños que se criaban con animales maduraban asalvajados.

Cuando evité que mi amiga Silvina se quemará por el sol aplicándole crema protectora del 30, realmente fue que mi amiga ardía literalmente y yo le salvé la vida apagándole las llamas con mis propias manos, de ahí que tenga ciertas cicatrices en las palmas. Off the record os diré que esas heridas fueron provocadas por que apoyé mis lindas manos en la estufa de mis abuelos, cosas de críos. Y así seguirán otras tantas andanzas de la pobre Lorelai que tanto le hacen merecedora de esa recompensa inesperada.

Preparados, listos y YO

Allá vamos querida Nuria Roca, tu programa Reforma Sorpresa (un nombre poco agraciado) tendrá el lujazo de contar conmigo como una de sus concursantes.

Sé que muchos pensaréis que tengo bastante cara, pero os aseguro que muchos de los que irán allí me superarán en morro con creces, así que hacedme el favor de mantener mi secreto, y tú, Nuri, haz como si nada cuando me veas aparecer, nos sorprendemos las dos y listo, ya verás que divertido.

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Foto tomada de: http://www.20minutos.es/imagen/932041

Foto tomada de: http://www.20minutos.es/imagen/932041

Ayer tuve mi primera relación extramatrimonial, lo cual sería factible si estuviera casada, pero dejando eso a un lado, mi encuentro amoroso fue con uno de esos hombres que hacen historia, mi historia.

Me encanta emplear este tipo de frases, una mezcla de vida turbulenta y de protagonismo de serie. Decir ‘poner los cuernos’ no me hace tanta gracia como hablar de ‘relaciones truculentas’, lo mismo ocurre en un pub cargado de gente, que en vez de gritarles que cierren el pico para poder disfrutar de la música, prefiero amenazarles al estilo Harry el Sucio aullando un ¡bailad, bailad malditos!

Una Historia Diferente

Pues esto me ocurrió ayer por la tarde. Estaba amodarrada en el sofá con un café frío en la mano viendo la televisión, entre Doña Bárbara y Sálvame tenía pocas opciones para entretenerme. De repente, un politono inigualable empezó a sonar durante los anuncios que Jorge Javier me permitió disfrutar: “…sabes que estoy colgando en tus manos asi que no me dejes caer…”. Esa letra tan perfilada y esa mezcla de voces, me hizo caer en la cuenta de que Charlie seguía en activo, lo que despertó una inevitable sonrisa en mi aburrida cara. Ahora tan sólo tenía que cambiar de canal y verle en vivo y en directo.

Ya sabéis como nos comportamos los teleadictos, nos hacemos amigos con ‘enorme facilidad’, y aunque solemos tratarles con total confianza ellos apenas se dirigen a nosotros directamente. La Rachel de Friends o el jesulín son parte de ese elenco de afortunados con los que trato mis días de ocio y tele. Pues algo parecido ocurre con Charlie. Desde Aladinna y Mis Adorables Vecinos, Carlos Bauté pasó a engrosar mi listado de amigos, y eso supuso que a partir de entonces Carlos pasara de ser un cantante venezolano de éxito a ser mi Charlie.

El programa de Charlie y Lorelai

Ahora le veo en la tele en Cuatro, flirteando a diestro y siniestro con todas las muchachas que van a su ‘gran’ programa: Elígeme, y me preguntó ¿y si yo fuera una de ellas?

Lo primero que tendría que tener en cuenta sería mi aspecto. Dado que en este programa lo que prima es tener una apariencia reventona, toda mi carnaza estaría lo suficientemente visible como para generar expectación, pero con un gusto tan exquisito que donde crean ver a una ligera de cascos descubrirían a una mujer independiente y sofisticada. Mi personalidad supongo que brillará por si sola, porque visto el percal alguien con un poco de luces resultaría del todo sorprendente. Mi sentido del humor rápido e incisivo me permitirá ser una de las elegidas de cada pretendiente, pero, siempre, antes de la última ronda en donde el apuesto ‘príncipe’ se decide por su parejita perfecta, apagaría mi luz y le dejaré con la miel en los labios.

Será ese momento en el que dedicaré una de mis más intrigantes sonrisas a Charlie, seguida de una imponente mirada en lontananza, o hacia el fondo del plató, lo que se traducirá por: no encontré al hombre de mi vida en este programa, o tal vez sí Charlie, pero soy tan interesante que tan sólo el infinito es capaz de entenderme, o tal vez no Charlie. Lo de tararear “…colgado en tus manos…” no sé si meterlo aquí, porque puede romper un poco con mi idilio intelectual, pero bueno cuando pulse la lucecita roja improvisaré.

Hasta entonces veré cuales son los detalles que puedo perfilar para generar le mejor de las impresiones, así que me tragaré unos cuantos programas más, luego gritaré un ¡a por todas! o un ¡soy la reina del mundo! Y me presentaré al show.

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Me llamo Lorelai y soy teleadicta…

por Lorelai julio - 26 - 2009
Soy Lorelai y tengo una pequeña gran debilidad

Soy Lorelai y tengo una pequeña gran debilidad

Sí. Esa soy yo. Si tuviera que ir a una de esas terapias de grupo yo iría directa a aquella en la que un gran cartel anunciara en letras mayúsculas “Prohibido usar el mando a distancia”. Lo mío no tiene remedio, lo tengo asumido y, lo peor, es que no me importa.

Mi debilidad

Soy una persona normal o eso parece. Trato de sacar a duras penas Derecho, mientras trabajo por las tardes para poder pagar mis gastos. Tengo un novio paciente y cariñoso, un jefe pesado y un hermano borde con el que paso media vida discutiendo. El pack completo, vamos, sólo me falta la vecina cotilla.

Pero, además, tengo una pequeña gran debilidad: la televisión. Podría pasar horas y horas sentada en mi sofá, mirando atontada mi preciosa pantalla con el mando en la mano, que a estas alturas es una prolongación de mi brazo. Concursos, realities, series, programas del corazón,… ¿Acaso no tiene todo un punto de interés? Soy la que siempre sabe las respuestas de los concursos, la que conoce quien tiene estrategias en los realitys y, por supuesto, la que podría hacer un croquis amoroso de cada famoso.

Afortunadamente, mi trabajo en el videoclub me permite dedicar horas a mi gran afición. Dios sabe que no es el sitio más ajetreado del planeta, así que la idea de mi jefe de comprar una pequeña televisión con la que distraernos la agradecí especialmente.

Cambiando mi código postal

Pertenezco a una generación marcada por la televisión. Nosotros no teníamos innovadores videojuegos, ni potentes conexiones a Internet con todopoderosas redes sociales. Nosotros, a diferencia de nuestros padres, teníamos la televisión. Un maravilloso mundo que nos mostraba un día a día completamente diferente y divertido.

He pasado toda mi vida pegada a la que para muchos es ‘la caja tonta’ y para mí ‘la cajita de sorpresas’. De hecho, cualquier momento o etapa de mi vida la relaciono instintivamente con un programa o época televisiva.

Mi infancia la marcó Espinete, La Bruja Avería, y las indescriptibles Mama Chicho, curiosa mezcla, ¿no? No sé cómo no salimos traumatizados de aquella. ¿Cómo pudieron revolucionar tanto a un país unas pseudo-bailarinas con dudosa capacidad vocal y con unos trajes tan horteras que ni Marujita Díaz se los pondría? En fin, de esto ya os hablaré otro día.

A lo que voy. Tras esta fase llegó el turno de las series. Durante años recé para que mágicamente mi código postal dejara ser tan soso y por arte de magia me fuera a vivir al 90210. Un número maravilloso, donde estaban Brandon, Kelly, Brenda.. ¡y Dylan! Ays… ese Dylan, y esa moto, y ese… Perdón, me vuelvo a ir del tema.

Durante esa época los adolescentes nos teníamos que posicionar: eramos de Brandon o de Dylan, veíamos ‘Sensación de vivir’ o ‘Salvados por la campana’, apoyábamos a la reciente Antena 3 o a la sorprendente Telecinco,… ¡Todo era pura decisión! Claro que… siempre estábamos los que no decíamos no a nada. ¿Qué más daba? ‘Los Vigilantes de la playa’ nos enseñaba que había que tener cuidado con las olas, Sabrina que los descuidos en la tele son peligrosos y ‘Al salir de clase’ y ‘Compañeros’ que también las series españolas podían ser adictivas.

Y llegó la realidad

Pero, sin esperarlos, llegaron ellos. En el 2000, el año en el comenzamos el siglo, cambió también el concepto de televisión. Mercedes Milá nos introducía en el género que definitivamente cambió mi vida: los reality shows.

Me encanta saber qué sucede en las vidas ajenas, lo reconozco. Soy cotilla y ¿qué? Creo firmemente que los realities están hechos expresamente para mí. Poder sentarme en mi sillón y ver cómo un grupo de personas convive y reacciona ante diferentes situaciones. Como diría la Milá: ‘la vida en directo’. Sigo cada uno de los realities que se emiten. Disfrutando de cada gala y analizando cada resumen. Por supuesto, también tengo las 24 horas, ¡qué gran invento!

Mi sueño sería entrar en uno. ¿Qué mejor para una teleadicta que vivir literalmente dentro de la televisión? Después de tantas horas y horas observándolos, estoy segura de que sabría qué estrategias desarrollar y cómo actuar para conseguir ganar el concurso.

A Gran Hermano ya me he presentado dos veces, y lo volveré a hacer este año. Quizá tenga suerte, quien sabe. También probé suerte con Operación Triunfo, pero parece ser que mi voz no da más de sí. No es que esperara entrar pero, ¿y si se producía el milagro?

En fin, esta soy yo. Algunos pensarán que estoy loca, otros que soy una ‘friki’ y quizá alguno se vea identificado. Sea como sea, desde este blog trataré de acercaros un poquito de mi, mis pensamientos y… Mi vida casi en directo.

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