
Soy Lorelai y tengo una pequeña gran debilidad
Sí. Esa soy yo. Si tuviera que ir a una de esas terapias de grupo yo iría directa a aquella en la que un gran cartel anunciara en letras mayúsculas “Prohibido usar el mando a distancia”. Lo mío no tiene remedio, lo tengo asumido y, lo peor, es que no me importa.
Mi debilidad
Soy una persona normal o eso parece. Trato de sacar a duras penas Derecho, mientras trabajo por las tardes para poder pagar mis gastos. Tengo un novio paciente y cariñoso, un jefe pesado y un hermano borde con el que paso media vida discutiendo. El pack completo, vamos, sólo me falta la vecina cotilla.
Pero, además, tengo una pequeña gran debilidad: la televisión. Podría pasar horas y horas sentada en mi sofá, mirando atontada mi preciosa pantalla con el mando en la mano, que a estas alturas es una prolongación de mi brazo. Concursos, realities, series, programas del corazón,… ¿Acaso no tiene todo un punto de interés? Soy la que siempre sabe las respuestas de los concursos, la que conoce quien tiene estrategias en los realitys y, por supuesto, la que podría hacer un croquis amoroso de cada famoso.
Afortunadamente, mi trabajo en el videoclub me permite dedicar horas a mi gran afición. Dios sabe que no es el sitio más ajetreado del planeta, así que la idea de mi jefe de comprar una pequeña televisión con la que distraernos la agradecí especialmente.
Cambiando mi código postal
Pertenezco a una generación marcada por la televisión. Nosotros no teníamos innovadores videojuegos, ni potentes conexiones a Internet con todopoderosas redes sociales. Nosotros, a diferencia de nuestros padres, teníamos la televisión. Un maravilloso mundo que nos mostraba un día a día completamente diferente y divertido.
He pasado toda mi vida pegada a la que para muchos es ‘la caja tonta’ y para mí ‘la cajita de sorpresas’. De hecho, cualquier momento o etapa de mi vida la relaciono instintivamente con un programa o época televisiva.
Mi infancia la marcó Espinete, La Bruja Avería, y las indescriptibles Mama Chicho, curiosa mezcla, ¿no? No sé cómo no salimos traumatizados de aquella. ¿Cómo pudieron revolucionar tanto a un país unas pseudo-bailarinas con dudosa capacidad vocal y con unos trajes tan horteras que ni Marujita Díaz se los pondría? En fin, de esto ya os hablaré otro día.
A lo que voy. Tras esta fase llegó el turno de las series. Durante años recé para que mágicamente mi código postal dejara ser tan soso y por arte de magia me fuera a vivir al 90210. Un número maravilloso, donde estaban Brandon, Kelly, Brenda.. ¡y Dylan! Ays… ese Dylan, y esa moto, y ese… Perdón, me vuelvo a ir del tema.
Durante esa época los adolescentes nos teníamos que posicionar: eramos de Brandon o de Dylan, veíamos ‘Sensación de vivir’ o ‘Salvados por la campana’, apoyábamos a la reciente Antena 3 o a la sorprendente Telecinco,… ¡Todo era pura decisión! Claro que… siempre estábamos los que no decíamos no a nada. ¿Qué más daba? ‘Los Vigilantes de la playa’ nos enseñaba que había que tener cuidado con las olas, Sabrina que los descuidos en la tele son peligrosos y ‘Al salir de clase’ y ‘Compañeros’ que también las series españolas podían ser adictivas.
Y llegó la realidad
Pero, sin esperarlos, llegaron ellos. En el 2000, el año en el comenzamos el siglo, cambió también el concepto de televisión. Mercedes Milá nos introducía en el género que definitivamente cambió mi vida: los reality shows.
Me encanta saber qué sucede en las vidas ajenas, lo reconozco. Soy cotilla y ¿qué? Creo firmemente que los realities están hechos expresamente para mí. Poder sentarme en mi sillón y ver cómo un grupo de personas convive y reacciona ante diferentes situaciones. Como diría la Milá: ‘la vida en directo’. Sigo cada uno de los realities que se emiten. Disfrutando de cada gala y analizando cada resumen. Por supuesto, también tengo las 24 horas, ¡qué gran invento!
Mi sueño sería entrar en uno. ¿Qué mejor para una teleadicta que vivir literalmente dentro de la televisión? Después de tantas horas y horas observándolos, estoy segura de que sabría qué estrategias desarrollar y cómo actuar para conseguir ganar el concurso.
A Gran Hermano ya me he presentado dos veces, y lo volveré a hacer este año. Quizá tenga suerte, quien sabe. También probé suerte con Operación Triunfo, pero parece ser que mi voz no da más de sí. No es que esperara entrar pero, ¿y si se producía el milagro?
En fin, esta soy yo. Algunos pensarán que estoy loca, otros que soy una ‘friki’ y quizá alguno se vea identificado. Sea como sea, desde este blog trataré de acercaros un poquito de mi, mis pensamientos y… Mi vida casi en directo.
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