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Jesús Vázquez (http://www.20minutos.es/imagen/921780) - Electro07

Jesús Vázquez (http://www.20minutos.es/imagen/921780) - Electro07

Acabo de abrir el ojo y tengo que mantenerme despierta porque he soñado algo que debe ser escuchado. En principio, el sueño sólo me afecta a mí, pero ya que soy dada a expresarme sin ningún problema, os hago partícipes a todos de lo que aconteció en mi cabecita.

En el sueño recuerdo vestir con vaqueros bien apretados, camisa grisácea con chorreras y un chaleco negro. Anudada al cuello una corbata fina de terciopelo azul que brillaba tanto que me impedía mirar hacia abajo. Con los pies descalzos caminaba lentamente hacia un lado y hacia el otro, mirando con seguridad al frente en donde una luz roja me indicaba que todo estaba OK.

Y la locura me estalló en la cara

Sin previo aviso, un estruendoso aplauso interrumpió mis gestos mudos y un gran número de chavales se abalanzó sobre mi y me manteó mientras canturreaban algo inaudible. En una de las caídas, el tiempo pareció detenerse y la bajada se hizo interminable. Las manos que me tenían que recoger desaparecieron. La situación no era la ideal para alguien que sufre vértigo, pero ahí estaba, cayendo inevitablemente a un suelo que parecía lejano.

Justo antes del tortazo, la luz roja se apagó, el escenario que me rodeaba cambió por completo y mi hermoso trasero cayó en una confortable silla de barbero. Una muchacha joven de pelo cano y una mujer mayor armadas ambas con brochas gordas, regaderas y una paleta de pintor empezaron a retocarme la cara y los pies. De repente, una de ellas acercó un espejo y, al igual que en una de esas operaciones de cambio de rostro de las telenovelas, me lo ponía en frente para que observara el resultado. Del estupor pasé al llanto y del llanto a la felicidad más absoluta. Unos lagrimones desproporcionados caían al suelo haciendo un sonido indescriptible, todo era pura alegría, en el reflejo de aquel espejo ya no estaba mi rostro, en su lugar estaba el de Jesús Vázquez.

Porque hablando se entiende la vasca

Yo, Lorelai, era Jesús Vázquez. Oh my God! Parecía como Lluvia de estrellas justo después de atravesar la niebla. Ahora entendía lo de mi vestimenta y lo de los muchachos. Era mi Operación Triunfo particular, una mezcla de operación estética y escenografía de éxito.

De nuevo la luz roja se encendió y de un salto me puse de pie y empecé a cantar. ‘Y yo te besé (besé) mis labios se entregaron a tus labios (besé)…’. Miles de muchachas gritaban mi nombre enloquecidas, estaban por todas partes incluso colgadas de las lámparas.

Entre el público: Madonna, Rihanna, Bisbal, Shakira, Alejandro Sanz, Miguel Bosé, la terremoto de Alcorcón, incluso Bono, gritaban mi nombre y me lanzaban todo tipo de prendas: un albornoz verde, un vestido de Versace, lenceria a puñados, unas gafas de sol. Todo caía a mis pies y se iba acumulando. Cada vez había más cosas: una moto, mucho dinero, una radio, una butaca, una pareja de japoneses, Penélope Cruz. Y cada vez más y más. Apenas podía moverme. Un pequeño agujero me permitía ver a mis fans aplaudir y llorar de la emoción, yo me sentía genial, estaba siendo enterrado por el cariño de mi público y me generaba un placer indecriptible.

Yo de mayor quiero ser…

La luz roja se volvió a apagar y de nuevo todo desapareció, excepto tres puertas: una roja, una azul y una negra. Al no haber paredes, podía ver sin problema lo que había detrás de cada una de ellas. Tras la roja: una playa paradisíaca, algún que otro temblor de tierra y un cangrejo hablando en argentino; tras la azul: un enorme escenario, un sillón infinito y LaBuat guiñándome el ojo, y tras la negra, estaba mi casa, la de Lorelai, con una enorme televisión, un apuesto hombre calvo semidesnudo y una pareja de tigres siberianos. La decisión era muy complicada. Un enorme reloj rojo empezó a tronar y me gritaba que tenía dos milímetros de tiempo para decidirme. Cuando me acercaba a la puerta negra, la cara parecía que se me escurría por los hombros, pero cuando me acercaba a las otras dos se me recomponía y volvía a su sitio. El reloj cada vez me chillaba más fuerte y yo no podía decidirme. ¡¡¡¡Qué hago, qué hago!!!!

Después de eso me desperté.

No sé si al final me decidí por alguna, pero ahora mismo me da igual, porque ser Jesús Vázquez por una noche me ha resultado casi orgásmico. Os imagináis ver a Madonna y a la terremoto cogidas de la mano llorando por ti y gritando tu nombre, pues yo lo he vivido gracias a Jesús y ha sido impagable. Así que no puedo decir ‘más nada’ que YO DE MAYOR QUIERO SER JESÚS VÁZQUEZ.

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