Es evidente que, en todo esto, mi decisión es la que cuenta, pero yo creo que no. Que mi voz y mi voto cada vez valen menos y las imágenes que me trago me pervierten más y me obligan a hacer y decir sandeces.
No es por escurrir el bulto, sino por intentar discernir entre mis momentos de lucidez y mis pequeños episodios de locura transitoria. Me explico.
Seducción en Miami: mujer blanca soltera busca
Hace una semana me enteré de la existencia de un realityshow la mar de divertido. Me lo encontré haciendo zapping por el territorio prohibido de canales absurdos, estos son: todas las nuevas incorporaciones de la tdt y todos los canales alternativos de la cadenas amigas.
Entre todos ellos me quedé enganchada en Neox sin saber porqué. Miguel Ángel Muñoz aparecía tan dicharachero como de costumbre presentando un nuevo reality. Si ese gran ‘cantante’ y actor que es Miguel Ángel, por si no le ponéis cara os dejo este supervideo mega cósmico y ultrafashion, en donde el que fuera niño de Al Salir de Clase y bailarín capullo de UPA Dance luce cuerpo serrano y voz inexistente.
El realityshow Seducción en Miami y mi locura transitoria
Pues eso que tras reconocer al muchacho, me quedé unos segundos más de lo necesario en su programa y fue uno de los peores errores de mi vida de teleadicta. En el reality unos cuantos cachas buenorros disputaban varias pruebas para conseguir convertirse en el seductor por excelencia, de ahí que el nombre del programa sea Seducción en Miami. Estos tiarrones, alguno reconocible del superprogama Mujeres y Hombres y viceversa, tenían que afilar sus armas de conquistadores hispanis y arremeter contra el Miami más caliente.
A pesar de la vergüenza que me estaba provocando, mis ojos empezaron a hacer chiribitas. Mis manos tampoco hacían caso de la grima que mi cerebro quería transmitirme e histéricas buscaban el teléfono. De repente, me vi llamando a mi trabajo y pidiendo días libres. Las imágenes del programa se sucedían, pero fueron la de los maromos buscando cacho en las discotecas del Miami profundo la que me dejó noqueada y provocó una reacción en cadena de terribles consecuencias.
Mi cerebro parecía dividido, por un lado, la cordura de la grima, mis principios éticos, mi saber estar habitual y mi brutal escarceo amoroso de hace unos días me intentaban poner los pies en la tierra; pero por otro lado, la ceguera de la telerealidad, y por tanto, sus diseñadores, junto con el tono de voz de los colaboradores, su poderosa belleza sexual, las luces parpadeantes de los platós y las músicas pegadizas revolucionaban mi inconsciente y me obligaban a hacer cosas contra mi voluntad.
En directo desde el otro lado del Atlántico
Os lo prometo que así sucedió, no estoy justificando nada de lo que hice, sólo me explico a mi misma y de paso a vosotros lo que estos productos pueden llegar a hacerte. Como iba diciendo, tras pedir unos días de vacaciones en el curro, despedirme de mi escarceo amoroso con un ‘Sayonara Baby’ (dios mio, usé esa frase a lo Terminator para decirle adios y sin opción a réplica), y comprarme un billete a Miami, mi mente se estancó.
Mis dos partes luchaban ferozmente, pero la sénsata hacia tiempo que veía la guerra perdida, así que sólo hacía ruido para limitar mi locura. Gracias a eso conseguí evitar comprarme un billete en primera clase y cogerme una habitación fashion en la zona más chic de Miami, pero no pude hacer nada frente al vestido mega ajustado de tetas-ánginas que se compró mi locura ni tampoco contra el estupendorro tatuaje que me hice.
Seducción en Miami: historia de un tatuaje
Las iniciales de cada concursante fueron tatuadas en mi hombro sin mi consentimiento real, la gracia era que mi cabeza enajenada había decidido participar en el programa siguiendo sus propias reglas. Lo llamó A la Caza del Maromo y aprovechando las pruebas que les obligaban a hacer, tenía como objetivo ir conquistando a cada uno de los concursantes. Cada vez que eso sucediera tacharía la inicial del muchacho de turno y cuando terminara con todos iría a por Miguel ángel. Ese sería el premio gordo.
Os escribo desde una especie de locutorio en la esquina de la Jefferson Avenue y la calle 15 en pleno centro de Miami. Mi cabeza da vueltas y es mi primer momento de lucidez desde hace una semana. No recuerdo como he llegado aquí ni dónde están mis cosas, sólo sé lo que es obvio que mi parte insana ganó con creces, que me duele horrores el tatuaje y que hay un tipo a mi lado que me mira con devoción. No sé que hacer, el tipo está bien bien, así que creo que la mejor opción será dejarme llevar un rato más, pero creo que eso ya lo he hecho durante toda esta semana y debería centrarme, ¿no creeis?
Hacedme caso
Pues eso, desde aquí deciros que es muy peligroso el mundo reality y que debéis tener cuidado donde ponéis los ojos. Cuando llegue a España pondré una queja, demanda o lo que se tercie por todo lo que me han llevado a hacer mis tutores virtuales. No hay derecho. Repito no quiero justificar mis actos, sólo alertaros del peligro que tienen todos esos diseñadores de telerealidad, y es que son muy listos, que digo listos,…, sois malos, creadores de realitys, muy malos.
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