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Tardes de polémica con Risto

por Helena García Septiembre - 1 - 2009

Foto de la web ristomejide.com

Foto de la web ristomejide.com

Si hay un personaje que le salga rentable a la cadena de los realitys y los programas del corazón, es Evaristo Mejide. Sus constantes y duras críticas en los programas para los que ha colaborado le han servido para marcar su signo distintivo y, a Telecinco, para generar audiencia.

Gracias a esto, la cadena privada de televisión le ha ofrecido presentar su propio programa, que dará comienzo próximamente bajo el nombre de “G-20”. A pesar de que todavía no se sabe mucho, ya ha empezado a dar que hablar en diferentes medios y páginas de Internet.

Risto pluriempleado

El publicista Mejide firmó un contrato con la cadena televisiva por el cual se comprometía a trabajar para ellos durante algunos años. Por ese motivo, y por mucho que pareciese lo contrario, estaba claro que no se iba a poder marchar tan fácilmente, ni siquiera dando el portazo hace unos meses en Operación Triunfo.

Como muchos de sus comentarios, aquella decisión de abandonar el programa repentinamente fue una de tantas que hace Risto para generar polémica, y puede que hasta le sirviese para hacerse publicidad para su nuevo programa.

Pero no sólo va a vivir de “G-20”, sino también de colaboraciones en programas como “La Noria” o “Está pasando”, además de los beneficios que le corresponden del disco de Virginia, su ex-triunfita preferida.

Sobre “G-20”

Como decíamos, este programa aún no ha empezado y ya se oyen los primeros comentarios sobre el mismo. Lo que sí sabemos es que la línea que se va a seguir es la de “no dejar títere con cabeza”. Es decir, se plantearán una serie de noticias y sucesos para que el señor Mejide las critique a su gusto.

Todavía tendremos que esperar un tiempo para ver cómo el publicista se desenvuelve desmenuzando temas que difieren bastante de las actuaciones de los concursantes de Operación Triunfo.

Añadiendo estos nuevos programas a su agenda y con la llegada de la nueva edición de Gran Hermano, Telecinco está consiguiendo encasillarse en la cadena telebasura por excelencia. Veremos qué resultados obtiene.

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Rosa López en concierto (Guiljer)

Rosa López en concierto (Guiljer)

Después de disfrutar con algunos de los momentos más curiosos de las pasadas ediciones de los realitys de moda, ahora hemos recopilado las imágenes de algunas de las caras que han hecho historia en la televisión.

Estos concursantes pertenecen al grupo de las estrellas que han alcanzado cotas de popularidad tan grandes que se han convertido en parte indispensable del éxito y la continuidad del programa que le dio fama. Se han convertido en el alma de los realityshows y sin ellos las cosas habrían funcionado tan bien.

Los irremplazables de Operación Triunfo: Rosa López y David Bisbal

El éxito del programa se debió en parte por lo nuevo del formato, la cercanía del fenómeno Gran Hermano, cuya primera edición se puso en marcha en el 2000, y, sobretodo, por la calidad de algunos de sus concursantes. Si la granadina más famosa de España conquistaba a vocinazos los corazones de sus compatriotas, las caderas del Bisbal se afincaban fuertemente en la retina de discográficas, promotores y especialistas de la música. Ambos se convirtieron en grandes estrellas y aún hoy ocho años después todo el mundo sigue sus pasos allá donde vayan, ya nadie puede arrebatarles ese puesto que parece antojarse irremplazable.





El mundo se arrodilla ante ellos: Susan Boyle y Paul Potts

Si el caso de Rosa o Bisbal hubiera sucedido en otro contexto el destino de ambos pudiera haber sido totalmente diferente. Lo que acabo de decir es de perogrullo, pero tendríamos que ver que hubiese ocurrido si ambos hubieran participado en Britain’s got Talent.

Un programa anglosajón permite que la fama rompa las fronteras de un país y el éxito se convierta en global. En este apartado los reyes incuestionables han sido Paul Potts y Susan Boyle. Ambos son famosos en todo el mundo como demuestran las más de 100 millones de visitas que suman sus videos de youtube. Los patitos feos convertidos en emperadores de la canción, ha trascendido de tal manera los efectos realityshow que a día de hoy la mecha de este tipo de programas es más larga que nunca y todos ansiamos reconocer al próximo cisne potencial, aquel que haga realidad nuestros sueños de estrellas.





Eli ’superwoman’ debe ser famosa

El programa Fama A Bailar que emite la cadena Cuatro también encontró a sus representantes oficiales: Vicky y Sergio. Ambos se conviertieron en la esencia del programa. Humildes, grandes compañeros y buenos artistas, ellos poseen todos los atributos necesarios para convertirse en pequeñas estrellas de la televisión y así lo demostraron en las dos ediciones que ha tenido el programa, la fase de grupos no merece mención alguna.

Pero de entre todos los artistas que por la escuela de Fama han pasado tengo que hacer mención especial a la que ha sido y será mi gran favorita: Elzabeth Guerra, Eli. Os dejo unas imágenes de uno de sus castings.





‘Mamá quiero ser artista’ no es una frase hecha, es un sentir generalizado, desagradable, pues si, bastante, pero real como la vida misma. Aguantemos el tirón y rebusquemos de nuevo en la telerealidad a aquellos que nos hagan el favor de ocuparse de ese lastre durante un tiempo.

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Imagen tomada del portal ot-2009.es

Imagen tomada del portal ot-2009.es

Entre los grandes hits del mundo reality se encuentran los castings y las estrellitas del programa de turno. Por un lado están esos grandes showmen y showomen que se presentan a cualquier prueba para mostrar lo que son capaces de hacer, ya sea cantar, bailar o enseñar cachaza. Ellos saben que apenas tienen posibilidades, pero estar delante de una cámara y dejarse ver ante todo un país les resulta más gratificante que cualquier premio o formación que les puedieran ofrecer esos realitys.


Por otro lado, están las estrellitas, esos personajes que se convierten en emblema de un programa, que alcanzan cotas de popularidad impensables y que permiten la continuidad del reality por mucho mucho tiempo.

Los grandes del mundo casting

Pues bien, en este primer especial hemos hecho un recopilatorio con algunos de los pequeños momentos de gloria más curiosos que hemos vivido en estos años de telerealidad.

Entre los grandes figurines del mundo casting destacan los cantarines que se presentan al programa Operación Triunfo. En los comienzos el programa no televisaba los castings, pero poco a poco fue descubriendo el gran filón que era. Una enorme audiencia veía anonadados como un número enorme de muchachas y muchachas esperaban impaciente su turno para mostrar su supuesto duende. Y otros tantos quedaban congelados cuando descubrían que algún vecino suyo se presentaba con total desparpajo a las pruebas.

El camino al éxito de cartón piedra estaba a la vuelta de la esquina y todos podíamos llegar y besar el santo. Pero esa facilidad de entrada escondía una doble baza, además de disfrutar con la garra de futuros cantantes, explotaban brutalmente la imagen de los confundidos por la luz de los focos. Todos ellos se convertían en víctimas del baúl de los recuerdos del mundo ‘friki’, y sus momentos estelares en los más increibles y bochornosos de la tele.





A estos se les suman otros tantos personajes que decidieron intentar alcanzar la fama a través de otro de los programas de búsqueda de artistas: Factor X. Alguno consiguió su propósito y entró por la puerta grande, a pesar de que los encargados se obcecaran con que lo hiciera por la del baño.





O aquel hombrecillo del Factor X italiano que dejó boquiabiertos a los miembros del jurado, sobretodo, gracias a una vestimenta imposible que hubiera hecho las delicias de todos nosotros si le hubieran permitido apagar las luces de plató.





Además del cante, el baile también ha dado mucho de que hablar en esta versión sobrecogedora de los realitys: el casting. Estos making of nos muestran el submundo que existe tras el escenario de un programa. Los castings son desagradables, pueden resultar grotescos y fallidos, pero al tener en cuenta que eso forma parte de un juego desproporcionado de luces, cámaras y acción, se convierten en la entrada más oportuna para ese tablao esperpéntico que es el universo reality en general.





Al ver estas imágenes sólo puedo añadir que no hay que olvidar que la tele no hace milagros y que debemos tener cuidado con lo que deseamos.

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Me llamo Lorelai y soy teleadicta…

por Lorelai Julio - 26 - 2009
Soy Lorelai y tengo una pequeña gran debilidad

Soy Lorelai y tengo una pequeña gran debilidad

Sí. Esa soy yo. Si tuviera que ir a una de esas terapias de grupo yo iría directa a aquella en la que un gran cartel anunciara en letras mayúsculas “Prohibido usar el mando a distancia”. Lo mío no tiene remedio, lo tengo asumido y, lo peor, es que no me importa.

Mi debilidad

Soy una persona normal o eso parece. Trato de sacar a duras penas Derecho, mientras trabajo por las tardes para poder pagar mis gastos. Tengo un novio paciente y cariñoso, un jefe pesado y un hermano borde con el que paso media vida discutiendo. El pack completo, vamos, sólo me falta la vecina cotilla.

Pero, además, tengo una pequeña gran debilidad: la televisión. Podría pasar horas y horas sentada en mi sofá, mirando atontada mi preciosa pantalla con el mando en la mano, que a estas alturas es una prolongación de mi brazo. Concursos, realities, series, programas del corazón,… ¿Acaso no tiene todo un punto de interés? Soy la que siempre sabe las respuestas de los concursos, la que conoce quien tiene estrategias en los realitys y, por supuesto, la que podría hacer un croquis amoroso de cada famoso.

Afortunadamente, mi trabajo en el videoclub me permite dedicar horas a mi gran afición. Dios sabe que no es el sitio más ajetreado del planeta, así que la idea de mi jefe de comprar una pequeña televisión con la que distraernos la agradecí especialmente.

Cambiando mi código postal

Pertenezco a una generación marcada por la televisión. Nosotros no teníamos innovadores videojuegos, ni potentes conexiones a Internet con todopoderosas redes sociales. Nosotros, a diferencia de nuestros padres, teníamos la televisión. Un maravilloso mundo que nos mostraba un día a día completamente diferente y divertido.

He pasado toda mi vida pegada a la que para muchos es ‘la caja tonta’ y para mí ‘la cajita de sorpresas’. De hecho, cualquier momento o etapa de mi vida la relaciono instintivamente con un programa o época televisiva.

Mi infancia la marcó Espinete, La Bruja Avería, y las indescriptibles Mama Chicho, curiosa mezcla, ¿no? No sé cómo no salimos traumatizados de aquella. ¿Cómo pudieron revolucionar tanto a un país unas pseudo-bailarinas con dudosa capacidad vocal y con unos trajes tan horteras que ni Marujita Díaz se los pondría? En fin, de esto ya os hablaré otro día.

A lo que voy. Tras esta fase llegó el turno de las series. Durante años recé para que mágicamente mi código postal dejara ser tan soso y por arte de magia me fuera a vivir al 90210. Un número maravilloso, donde estaban Brandon, Kelly, Brenda.. ¡y Dylan! Ays… ese Dylan, y esa moto, y ese… Perdón, me vuelvo a ir del tema.

Durante esa época los adolescentes nos teníamos que posicionar: eramos de Brandon o de Dylan, veíamos ‘Sensación de vivir’ o ‘Salvados por la campana’, apoyábamos a la reciente Antena 3 o a la sorprendente Telecinco,… ¡Todo era pura decisión! Claro que… siempre estábamos los que no decíamos no a nada. ¿Qué más daba? ‘Los Vigilantes de la playa’ nos enseñaba que había que tener cuidado con las olas, Sabrina que los descuidos en la tele son peligrosos y ‘Al salir de clase’ y ‘Compañeros’ que también las series españolas podían ser adictivas.

Y llegó la realidad

Pero, sin esperarlos, llegaron ellos. En el 2000, el año en el comenzamos el siglo, cambió también el concepto de televisión. Mercedes Milá nos introducía en el género que definitivamente cambió mi vida: los reality shows.

Me encanta saber qué sucede en las vidas ajenas, lo reconozco. Soy cotilla y ¿qué? Creo firmemente que los realities están hechos expresamente para mí. Poder sentarme en mi sillón y ver cómo un grupo de personas convive y reacciona ante diferentes situaciones. Como diría la Milá: ‘la vida en directo’. Sigo cada uno de los realities que se emiten. Disfrutando de cada gala y analizando cada resumen. Por supuesto, también tengo las 24 horas, ¡qué gran invento!

Mi sueño sería entrar en uno. ¿Qué mejor para una teleadicta que vivir literalmente dentro de la televisión? Después de tantas horas y horas observándolos, estoy segura de que sabría qué estrategias desarrollar y cómo actuar para conseguir ganar el concurso.

A Gran Hermano ya me he presentado dos veces, y lo volveré a hacer este año. Quizá tenga suerte, quien sabe. También probé suerte con Operación Triunfo, pero parece ser que mi voz no da más de sí. No es que esperara entrar pero, ¿y si se producía el milagro?

En fin, esta soy yo. Algunos pensarán que estoy loca, otros que soy una ‘friki’ y quizá alguno se vea identificado. Sea como sea, desde este blog trataré de acercaros un poquito de mi, mis pensamientos y… Mi vida casi en directo.

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