Volvía yo anoche de tomar mis cañitas reglamentarias en la Latina cuando, por falta de coordinación y capacidad física, no pude traspasar del umbral de mi sofá. Víctima de las circunstancias, agarré el mando a distancia y comencé a deslizarme por las distintas ofertas que me proponía mi televisor.
Ya me habían comentado que este domingo empezaba un nuevo reality. Álvaro Muñoz Escassi, del que hasta esta semana no tenía yo noción de su existencia, tendría una serie de citas retransmitidas con distintas féminas hasta dar con aquella que lograra “enamorarlo”. El tal Escassi este, según pude informarme, se situáría, parece ser, dentro del Top-10 de los solteros nacionales: guapo, seductor, mujeriego…¡todo un galán a la española!
Así, llevada un poco por la inercia y la curiosidad, terminé apostada en Telecinco. ¡Vaya sorpresa la mía en mi primer encuentro con el soltero de moda! ¿En serio era este el nuevo Don Juan? Impertérrito ante el enjambre de mujeres dispuestas a seducirlo, no pudo conducirse con mayor desgana, valiéndose de todos los lugares comunes posibles, topicazos y coletillas, para hacer gala de sus más excelsas cualidades en el arte del amor.
Pero esto no es lo peor, pues de zopencos pretenciosos está el mundo lleno. Lo más grave de este esperpento sociológico es como las ocho “pretendientas” iniciales, aparecen dispuestas a resucitar -quiero pensar que no de modo altruista, sino a razón de una cuantiosa suma monetaria- los prejuicios más arcaicos que durante siglos se erigieron en nuestras sociedades menoscabando el papel y atributos de la mujer y que, ¡Oh ilusa de mí!, creía abolidos.
Y la cosa no termina aquí pues, a tan sólo cinco minutos de la finalización del programa, y tras la expulsión de Raquel -afortunada inconsciente a quien se le brinda la oportunidad de continuar con su vida anónima sin mancillar su nombre-, el apuesto Jesús Vázquez, del que me abstengo de comentar nada, como elemento más puro entre la barbarie, anunció a las siete nuevas concursantes: ¡las jóvenes!
Jóvenes contra maduritas. Las veteranas tendrán que enfrtentarse a sus peores demonios, de cutis impoluto y piel tersa, en la caza del hombre. ¿Es posible una degradación mayor?, ¿de veras veintiún siglos de lucha para alcanzar la igualdad van a tener como resultado ofrecer esta imagen pública de la mujer? Me propuse, en un inicio, seguir las diversas galas para cotejar la evolución del proceso, más me pregunto hasta qué punto le merece la pena a mi curiosidad contribuir con un solo segundo de mi tiempo al ataque consentido contra la mujer más absurdo y cínico que había visto en muchos años.
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